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martes, 17 de noviembre de 2015

El latín y el inglés

Desde hace algunas semanas han aparecido varios artículos en el principal diario nacional en los que varios académicos defienden la enseñanza del latín. Es bonito leer tales cosas pero, por supuesto, nada va a cambiar. El estudio del latín no volverá a nuestros mejores colegios y universidades y seguiremos siendo bárbaros. Es común que se defienda la enseñanza de una lengua muerta desde un punto de vista utilitario: se dice que el estudio del latín es muy útil para el estudio de la gramática castellana (y a la inversa, el estudio de la gramática castellana es útil para aprender latín) y para entrenar la mente en el arte del pensamiento riguroso.  Si se trata de utilidad siempre habrá formas más prácticas de aprender gramática castellana (como estudiarla directamente) o rigor a la hora de pensar (cómo estudiar lógica).

El problema del latín es similar al de los idiomas modernos que se enseñan en Chile y es similar al problema de la educación chilena en general: el utilitarismo. Si se enseña inglés en vez latín o griego, no es que se suponga que la lectura de Shakespeare en su lengua original sea preferible a la lectura de Cicerón en su lengua original, es sólo que el inglés permite hacer más y mejores negocios. No es que eso sea algo malo, pero un idioma es más que una herramienta para generar ingresos, y una educación es algo más que una herramienta para generar ingresos. El problema es que eso sólo puede saberlo una persona educada, por lo mismo, no es fácil salir del problema, ni siquiera estudiando latín.

Es casi obvio que la educación no puede ser sólo una herramienta para conseguir ingresos: si la vida del ser humano se agotara en el mismo mantenerse vivo, no tendría sentido. Pero si después de conseguir el sustento –techo, comida y abrigo– lo único que se busca es la satisfacción de las pasiones (de manera más o menos sofisticada), se vive como un irracional (más o menos sofisticado).  Quizás la falta de un sentido no-utilitario para la educación explica el comportamiento de gran parte de la población educada o en vías de educarse. La solución no pasa tanto por enseñar latín, sino por afirmar que el ser humano está hecho para la vida del intelecto, sea cual sea su forma de ganarse la vida. Si se es capaz de gozar de lo bello y de lo verdadero, sin ninguna consideración utilitaria, entonces se puede entender el sentido de estudiar una lengua que ya no se habla. Si se busca la comprensión del mundo, no para dominarlo, sino simplemente porque eso permite el propio conocimiento, el conocer la lengua de la cultura que dio origen a la nuestra puede hasta resultar atractivo. Pero si se trata de estudiar sólo para ganarse unos pesos, pocos o muchos, cualquier estudio resulta tedioso, y sólo unas pocas materias, útiles.

martes, 23 de septiembre de 2014

Educación e instrucción

No termina de cerrarse el debate en torno a la educación universitaria gratuita. Es de admirar la perseverancia de sus proponentes. Seguro que si se propusieran conseguir cualquier otra cosa con ese mismo empeño, lo lograrían. Pero este debate se trata de algo más que de plata, y eso ellos lo saben bien, por eso la perseverancia. Además está el interés particular de un grupo que dispone de tiempo y medios para presionar. El interés general, al ser más difuso, tiende a ceder siempre ante presiones de grupos.

La educación sería un derecho de las personas, por lo mismo, nadie debería verse privado de ella por falta de recursos. El Estado, por tanto, debería  garantizarla, gratuita y de calidad (lo primero se define por sí mismo, lo segundo es muchísimo más confuso). Pero este debate descansa, en gran parte, en una confusión; falacia de la ambigüedad, dirían los retóricos.

Una cosa es la educación, aquel conjunto de conocimientos y hábitos que permiten a una persona alcanzar su desarrollo como persona, cosa compleja de definir, y otra cosa distinta es la instrucción, aquellos conocimientos y habilidades que permiten a una persona ganarse la vida. En general se asume que una persona educada es instruida, pero eso no es necesariamente así, y  lo opuesto aún menos.

Si bien se puede afirmar que la educación es un derecho de la persona, porque es tan necesaria para vivir humanamente como el alimento es necesario para simplemente vivir, es más complejo poner a la instrucción, qué es más bien una herramienta para ganarse la vida, en esa misma categoría. Además, no es en modo alguno claro que sea un deber primario de la comunidad política, del Estado, educar a una persona joven en este sentido, como no lo es el alimentarla.

Como ya se ha mencionado en otro lugar, si la instrucción fuese un derecho que debiera estar universalmente garantizado, el Estado tendría que subsidiar cursos de conducción, de operación de maquinaria y de tantas otras cosas que permiten ganarse la vida honestamente. Yendo más lejos todavía, si los medios para ganarse la vida fuesen un derecho social, el Estado tendría el deber de sustentar los emprendimientos de aquellos que decidieran no ir a la universidad.

El problema profundo, el origen de esta ambigüedad, es que en nuestro país la educación se concibe casi completamente como instrucción. El cultivo de lo humano, los saberes liberales, existen en un plano muy secundario. Esto una gran pérdida. Respecto de ellos, dada la función social que cumplen –que no es una función utilitaria– la comunidad política tendría algunos deberes. Pero en Chile no sabemos lo que decimos cuando hablamos de educación.

martes, 24 de junio de 2014

Para una educación de calidad, profesores de calidad

Si hubiera que elegir entre tener buenos planes y programas y buenos profesores ¿Qué elegiría usted? La respuesta me parecía obvia, por eso me sorprendió que uno de los contertulios dijera sin titubear que, en la disyuntiva, preferiría tener buenos planes y programas educativos a buenos profesores. La pregunta no es trivial: apunta a la relación, o prioridad, entre lo institucional y lo personal. 

Centrar la atención en lo institucional, lo estructural, es atrayente en parte, porque lo institucional es cuantificable y controlable, mientras que las personas no lo son tanto (es cosa de tratar de ejercer el auto-control). Además, las instituciones son estables y perduran en el tiempo mientras que las personas pueden cambiar. En el caso de la educación, sin quitarle importancia a los planes, programas, instituciones y modos de organización, lo personal es especialmente importante porque la educación, a final, es algo que se trasmite de una persona a otra, de manera más o menos directa. Un buen profesor puede superar un mal modelo educativo, pero una buena organización no puede hacer nada sin las personas adecuadas. 

Muchos hemos tenido esa experiencia educativa: un profesor que nos abrió un mundo de conocimientos, o un libro, recomendado por algún amigo, que nos impactó profundamente. Es que los seres humanos, al fin y al cabo, nos relacionamos mejor con personas concretas que con entidades como modelos o instituciones. La educación implica un modelo, financiamiento, programas, etc. pero ella comienza en el encuentro del profesor con el alumno.

La importancia del profesor está siendo reconocida en Chile, pero en énfasis sigue en lo estructural, lo organizacional, lo material. ¿Cómo lograr buenos profesores? Chile tiene buenos profesionales en otras áreas, no debería ser imposible. Hay dificultades; la primera es que no es un problema que se resuelva en cuatro años, además, los profesores necesarios son muchos, y lo masivo pierde en calidad. Pareciera que antes de una nueva institucionalidad para la formación de alumnos se necesita una para la formación de profesores. ¿No será una contradicción? Las estructuras por sí solas no pueden producir mejores profesores (y por lo mismo, tampoco pueden producir mejor educación por sí solas), pero pueden ayudar.

Las condiciones de trabajo (horas frente a curso, sueldo, oportunidades para profundizar en los estudios), el prestigio frente a la sociedad, la exigencia en el ingreso a las carreras docentes, un enfoque basado más en contenidos que en métodos y técnicas, son todas cosas que pueden cambiar, para lograr mejores profesores. Pero son ayudas, los buenos profesores no se logran por decreto, como tampoco los buenos alumnos. Se logra por una amor a la enseñanza (implica dos cosas decía un antiguo profesor mío: interés por la materia que se enseña e interés por las personas a quienes se enseña), que lleva a hacer de ella un trabajo constante. Eso no lo da ninguna reforma externa. 

martes, 14 de enero de 2014

Educación de calidad, ahora sí

Ahora que terminó el año, los exámenes de repetición y las postulaciones a las universidades, es tiempo de pensar en una educación de calidad. Comencemos notando que lo que se imparte en las universidades chilenas –y quizás en muchos colegios–  no es educación sino instrucción o capacitación. Esta afirmación no pretende ser peyorativa, es simplemente un constatación de que lo que se enseña en casi todas las carreras de casi todas las universidades son cosas prácticas, útiles. La importancia y necesidad de lo útil y práctico es clarísima. Primum vivere deinde philosophari.

Ahora bien, la realidad no se agota en lo útil. Es aquí donde empezamos a hablar de educación: en lo que se refiere a la realidad y al ser humano como un todo, y no sólo a alguno de sus aspectos. Para aterrizar esto: la investigación y enseñanza acerca de cosas como el sentido de la historia, el valor del placer, el significado de la justica, el amor y la amistad, el sentido  del sacrificio y el dolor, es decir, el estudio acerca de cómo es la realidad y cómo conviene vivir, suele estar bastante ausente de nuestras aulas. Sin embargo, sin una orientación final lo útil, lo técnico, carece de sentido. Por eso, no hay nada más práctico que una buena teoría.

Tampoco es que los estudiantes vayan a la educación superior a buscar eso. Por lo mismo, insisto, debería hablarse de capacitación o instrucción, por sofisticada que sea. El problema está en que muchísimos estudiantes dan la impresión de tener las cuestiones fundamentales resueltas. No está muy claro cómo; no parece que hablen mucho sobre estos temas con sus padres, por ejemplo. Tampoco parece ser que haya mucha disposición a cuestionar que antes de los veinte todavía queda mucho por aprender sobre estas cosas, a aceptar que ese aprendizaje puede venir de la experiencia de otros y que esa experiencia ajena puede estar también en libros.

Es cierto que en la mayoría de las universidades se imparten cursos llamados de formación general, ética, etc. Pero seamos sinceros, son un barniz que no penetra el carácter de las instituciones. Son los parientes pobres de los demás ramos. Están ahí para que no se diga que se descuida la formación integral del estudiante, pero son un quiste que no logra integrarse, que no puede aspirar a más que ser tolerado en su lugar periférico. Por supuesto que todas las universidades negarán el contenido de este párrafo, pero hay que ver cómo funcionan en la práctica.

Por lo anterior, el alumno que quiera una educación de calidad, lo que en otros tiempos y lugares se llamaba educación liberal –porque sólo el hombre libre puede dedicarse a las cosas más elevadas– tendrá que buscarla en otro lugar: en la lectura y en la conversación con personas de inquietudes similares. La universidad hoy se encuentra enfocada a lo práctico, y el conocimiento que imparte, fragmentado. Buscar una visión comprehensiva de la realidad será una misión personal en compañía de unos pocos. Si el estudiante tiene suerte, algún profesor despertará esa inquietud y algunos amigos lo acompañarán.


Algunas propuestas modestas para alcanzar instrucción y educación de calidad:

No soy muy amigo de las listas de libros (hay algo de artificial y muerto en ellas), por lo sugeriría al estudiante inquieto que busque recomendaciones de un amigo o profesor. Si no lo tiene, puede ver lo que sigue: 

A student’s guide to liberal learning (James Schall, SJ) es buen lugar para empezar. No está en castellano, pero espero que pronto lo esté. La educación de Henry Adams (Henry Adams), es una autobiografía intelectual con la que más de uno puede sentirse identificado. Lo mismo vale, en otro plano, para las Confesiones (San Agustín). Para reflexionar sobre la Universidad como institución no estará mal tomar El cierre de la mente moderna (Allan Bloom), la Idea de la Universidad (John Henry card. Newman), o incluso Tres versiones rivales de la ética (Alasdair MacIntyre). El ocio y la vida intelectual (Josef Pieper) es para el que quiera distinguir el trabajo y la diversión de la contemplación, y si alguno, a pesar de estar en una buena universidad sigue perdido, puede leer la Guía para los perplejos (E.F. Schumacher).

Acto seguido habría que hacer una lista de novelas, obras de teatro, poemas y películas que muestren encarnadas diversas experiencias humanas, pero para no caer en lugares comunes, se omitirá. Basta con que el estudiante se aconseje bien y tenga presente que las cosas importantes pueden aprenderse de muchas maneras, y que las verdades sobre el ser humano pueden verse, a veces, mejor reflejadas en obras de ficción.

Los libros son caros, pero ese no es el problema principal. Visitar las librerías de libros usados, la biblioteca pública local, y algunas páginas web con libros gratis como www.cervantesvirtual.comwww.memoriachilena.cl y www.dominiopublico.es, etc. puede aliviar el bolsillo.

Y ya que tocamos el tema de internet, no podemos dejar de decir que, aunque el tema inicial haya sido la educación, la instrucción o capacitación que han recibido los estudiantes es deficiente. No soy partidario del “online learning”,  pero algunas cosas se pueden aprender de la pantalla. Dado que pasamos cada vez más tiempo frente a ella, es deseable que sea bien aprovechado. Una de las cosas más útiles que se pueden aprender online es mecanografía en www.cursomeca.com, por ejemplo. Todo tiempo dedicado a esto es tiempo bien invertido, y si algún estudiante no lo cree, espere a tener que terminar un informe, tarde en la noche, contra el plazo al final del semestre.

Para subsanar las carencias en estudio de los idiomas www.duolingo.com es un buen recurso. Más allá de habilidades (quien busque en internet podrá aprender desde dibujo hasta cocina), probablemente el recurso más completo sea www.coursera.org (sobre todo porque tiene cursos en castellano) que ofrece cursos en línea de numerosas universidades del mundo. Otro parecido es www.edx.org, pero sólo tiene cursos en inglés. En estos sitios el estudiante que busca conocimientos de calidad (y gratis) podrá aprender desde cálculo hasta historia de Egipto, pero no es claro que encuentre la sabiduría. Por supuesto que, como todo en la vida, esto requiere de esfuerzo y perseverancia, que es parte de la educación de calidad que todos quieren pero pocos buscan.