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martes, 8 de marzo de 2016

Aborto, heroísmo y autonomía

No hay debate, propiamente tal, sobre el aborto. Se trata de lograr la autonomía: el ejercicio de una voluntad no impedida por costumbres del pasado o la misma naturaleza. El embarazo, por el contrario, es una manifestación palpable de que el ser humano no es un ente autónomo que puede determinar totalmente su existencia sino que nace, vive y se constituye dependiendo de otros. Es por eso que el aborto –considerado teóricamente– es un tema frente al cual no puede haber acuerdo: las posiciones parten de premisas radicalmente distintas, y es por eso, también, que cuando la propuesta pro-aborto falla por un lado (es evidente, sobre todo desde que existen las ecografías, que un feto es un individuo vivo de la especie humana), se busca otro. Es una meta a conquistar, no un verdadero debate.

El último argumento esgrimido a favor de la propuesta pro-aborto actual es considerar que continuar el embarazo ante ciertas circunstancias es algo heroico o supererogatorio, y por lo tanto, no exigible legalmente aunque sea bueno para el que quiera hacerlo. (¡¿Cómo fue que el mundo no se dio cuenta de esto antes del siglo XX?!)

Este argumento tiene tantos problemas que es patente que se trata de una estrategia, no de un esfuerzo intelectual.  En primer lugar, lo heroico y lo supererogatorio no son lo mismo. En segundo lugar, si bien, por definición, nadie puede estar obligado a lo supererogatorio, en ciertas circunstancias una persona puede estar obligada a lo heroico: piénsese, por ejemplo, en el soldado que –en una situación de conflicto– recibe una orden de cometer un acto injusto, como torturar a un prisionero. Si se niega a hacer el mal tendrá que sufrir un castigo, eso sería heroico; pero si accede, hará algo malo. En ciertas situaciones no hay término medio: o se hace un acto heroico o se comete una injusticia.

Además, se trata lo heroico como si fuese algo establecido. Se asume que continuar el embarazo en ciertas circunstancias es heroico, y que por lo mismo debe permitirse el aborto. Pero eso mismo ya es discutible, también podría considerarse como un deber. Antes de afirmar que continuar que continuar el embarazo en ciertas circunstancias es heroico, hay que establecer que de hecho sea así. Por lo demás, si alguien quiere comprobar cómo lo que hoy es corriente mañana puede ser considerado heroico, es cosa de que vea lo que la ley en Bélgica considera como sufrimiento insoportable.

En cuarto lugar, la confusión se profundiza cuando se trata al aborto como una simple omisión: “no hacer el acto heroico de continuar el embarazo”, pero el aborto es un acto positivo mediante el cual se le hace algo (se destruye) a otro. Y si bien el derecho a la vida no incluye el deber de realizar actos extraordinarios para mantenerla, la gestación no es algo extraordinario, sino la manera por la cual todos los seres humanos llegamos a este mundo.  No es una manera que se base en la autonomía personal,  pero es conforme a nuestra manera de ser: dependiente.

martes, 8 de julio de 2014

Aborto y conducta heroica

A raíz del debate sobre el aborto se ha surgido nuevamente la pregunta si acaso se le puede exigir a alguien una conducta heroica. La respuesta breve es que sí, si la situación lo amerita, es cosa de recordar las efemérides de estos días. (¿Alguien repara alguna vez en quién sale en el billete de mil pesos y  por qué?). Anteriormente hemos tratado el tema desde el punto del valor de la vida humana y del estatuto del no-nacido, pero es interesante ahora considerar el heroísmo en sí mismo, ya que tanto se usa el término.

Se consideraría que un llevar a término el embarazo de un feto inviable o producto de una violación sería una carga a la que a nadie estaría obligado. En última instancia se trata de dos casos extremos de embarazos no deseados, por eso la legislación abortista comienza por casos extremos pero se pone cada vez más laxa: se trata de diferencias de grados y no de tipos. Se puede considerar si acaso llevar un embarazo no deseado a término es una conducta heroica o simplemente buena. ¿Dónde, en la escala de hacer lo no que uno no quiere, comienza el heroísmo? Esta es una de las preguntas más duras sobre el aborto, siempre que se tome en serio.

El heroísmo implica un sacrificio por otros y es por eso, quizás, que en una sociedad que reduce al mínimo los vínculos entre personas la conducta heroica sea problemática. La sociedad plural pone el énfasis en los vínculos libremente adquiridos y una de las características de la conducta heroica es que suele surgir de una imposición de las circunstancias, que no se eligen.

Esto hace que la situación en la que se presenta la posibilidad de actuar heroicamente opere generalmente como una disyuntiva: o se es héroe, o se actúa mal, sin término medio. Por ejemplo, una persona puede presenciar algún crimen, si intenta impedirlo se expone a un riesgo, pero actúa valientemente. Si decide dejarlo pasar, no se expone, pero es cobarde. Lo que no cabe es seguir por la vida así no más. Hay situaciones en las que actuar bien es lo mismo que ser heroico, y en la que no serlo es actuar mal. Esas situaciones, por su naturaleza, no son libremente elegidas.

Esto no resuelve la interrogante si acaso no abortar es una conducta heroica, o si acaso la sociedad puede exigir ciertos actos heroicos, pero sí muestra que la conducta moral no es simplemente elegir o decidir una cosa, sino elegir o decidir frente a situaciones que no se eligen, lo cual, por supuesto, es algo que a la mentalidad autonomista le cuesta aceptar.

Como corolario a la cuestión se puede añadir lo siguiente: si no se puede obligar a nadie llevar un embarazo a término, puesto que eso consistiría en una conducta heroica puramente personal, tampoco podría obligarse a nadie a pagar pensiones alimenticias por un hijo no esperado: los vínculos naturales obligan a todos o no obligan a nadie.